
05/09/2009 - Invita al 40 aniversario de su llegada al poder a Mohamed Abdelaziz y a 19 representantes de formaciones políticas marroquíes. Si algo tiene Gadafi que yo admire es su modestia. Si no, cómo explicar que, después de 40 años en el poder, del que barrió al rey Senoussi, sigue siendo lo que era: coronel. Aunque es verdad que manda como un verdadero general, sigue llevando galones menores. Eso sí, los acompaña de un sinfín de coloridas medallas que seguramente remitirán a su pasado, presente y ¿porqué no? futuro esplenderoso, lleno de curtidas batallas, en un intento de imitar a ese gran patriota libio, venerado por todos, Omar Al Mokhtar, que fuera pesadilla de la otrora Italia de corte fascista. El que Gadafi no se atreviera a autoproclamarse general de todas las fuerzas libias podría denotar una de dos: Que es consciente de sus limitaciones militares, por lo tanto que es realista, o que quiere promocionar el grado de coronel. ¡Cuidado, que esto no es una chorrada!, pues en muchos telediarios se le ha visto en esa posición que le caracteriza y que le ha hecho famoso en el Guinness de la altanería, con la cabeza erguida, mirando el cielo, como si ya no cupiera en la tierra, y con un general -europero además- dándole el saludo militar. Ya sé, ya sé que me van a decir que el saludo es para un jefe de estado y no para un militar. Lo admito, pero no pude resistir la tentación de intentar machacar a ese militar, por saludar a quien saludó. Pero, señores, piensen lo que piensen ustedes -y yo- Gadafi ha conseguido poner firmes a más de uno. Y no precisamente perqueño. ¿Se acuerdan de hace unos días, cuando la máxima autoridad helvética se desplazó a Libia para disculparse del incidente que protagonizara la policía de su país con el hijo de Gadafi? Y es que el gas y el petróleo hacen milagros. Recuerden también que Suiza vive del dinero de los demás y que, tanto Gadafi como su hijo tienen bastante que deir al respecto. Si aún no he podido convencerles acerca de la pleitesía debida al coronel, ojeen el caso Lockerbie y verán que todo el amor propio de un legendario país, enraizado en una indiscutible democracia, cae por los suelos, a los pies de una simple coronelía. El otrora imperio británico corre, raudo, a liberar (por motivos humanitarios, claro) al último preso condenado por los atentados que un día conmocionaron al mundo, sumiendo en humos, fuselaje de avión y muertos por doquier a la pequeña ciudad de Lockerbie. Que quede bien claro que no endoso la autoría de la explosión a nadie. Lo de las Torres Gemelas y el avión que, aún siendo gigante, sólo originó un pequeño boquete, propio de un misil, en una de las paredes del Pentágono al traspasarla ¿estaría pilotado por Houdini, que de estrecheces sabía lo suyo? hacen que uno no apueste por nada. El erre que erre de la administración fenecida de Bush con esa ridícula versión nos hace recordar un dicho marroquí que reza: ¡Aunque vuele, es una cabra! Lo que más admiro del coronel Gadafi es su pericia en jugar al póquer. En ambos casos -Suiza e Inglaterra- ha conseguido hacer prevalecer el grado de coronel sobre cualquier otro, incluso el de general. Staw diría: business is business, y si hay que asumir que el generalato se baje los pantalones ante la coronelía, pues que se haga. Además ¿no estamos en crisis? Hasta Obama acaba de darse cuenta de que para reducir gastos hay que enviar a más soldados a Afganistan. Ya se encargarán Karazay y sus huestes de pagar la factura, dándole un suspiro a las arcas 'obamesas', que disponen de poca liquidez para pagar todos los salarios y que hace tiempo que estaban agotadas por un impresentable Bush que, en estos momentos se encontrará probablemente desternillándose de risa, por haberse reído de todo el planeta y vivido para contarlo. JFK no tuvo tanta suerte y aunque sus ideas eran totalmente opuestas a la belicosidad criminal de Bush, no le dejaron vivir para contarlo. Ni comisión Warren ni pamplinas: Kennedy ha muerto y ¡sanseacabó! Pero volvamos a nuestro coronel. Toda su capacidad lúdica -me remito a su maestría en el póquer- ha querido aprovecharla en una jugada en la que la apuesta no merecía la pena, por el ínfimo botín que representaba.Porque, señores ¿valió la pena intentar jugar al despiste al invitar a la conmemoración de su 40 aniversario de llegada al poder al señor Mohamed Abdelaziz, autoproclamado presidente vitalicio de la pseudo RASD , al mismo tiempo que a 19 representantes de formaciones políticas marroquíes?. Mi coronel, por favor, no intentes mezclar Chaabane con Ramadán !que no son un mismo mes¡ Podías haberte decantado por una de las dos partes y si tu elección hubiera sido la 'otra', lo comprenderíamos, porque va con tu estilo y respetaremos tu nostalgia de un tiempo que creíamos pasado. Me refiero, entre otros, a la mal llamada ruta Ho-Shi-Min. Lo que verdaderamente siento es que este 'despiste' haya sido obra de alguien que tendrá que pagar, aún siendo general; lo que nos demuestra que en la hermana Libia la coronelía sigue siendo más potente que el generalato. volver al listado de noticias |
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