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El martirio de Ahmed Toummouhi

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Preso, durante 15 años, por un delito que no cometió.

¿Tuvo algo que ver su condición de inmigrante?

 

Desde su detención en 1995, el albañil Ahmed Toummouhi, no dejó de clamar su inocencia. Víctima de una rueda de reconocimiento errónea que le clavó la estocada, este emigrante tuvo que pasar 15 años de cárcel, de los más de cien a los que había sido condenado por los tribunales catalanes.

Irrita y deprime saber que, aunque nunca se pudo presentar una prueba concluyente contra él,

este hombre tuvo que dejar gran parte de su vida entre rejas, sufriendo humillaciones y toda clase de vejaciones, que normalmente se reservan en las cárceles a todo violador.

El único que creyó en su inocencia, el fiscal jefe  de Cataluña, José María Mena, resolvió en 1995 que las pruebas de ADN a las que fue sometido este emigrante no dejaban lugar a dudas: él no era el violador y había que seguir buscando al verdadero criminal, que luego fuera detenido (un tal Antonio García Carbonell) y que confesó su fechoría. Ni siquiera eso fue suficiente para liberar a Toummouhi y contra la opinión del fiscal jefe Mena, los políticos, tanto del PSOE como posteriormente los del PP, que desbancara del poder a los socialistas en el 96, no tuvieron compasión de este inocente y no le concedieron el indulto pedido por el letrado catalán.

La política es así de cruenta, así de maquiavélica, y si una buena condena puede atraer votos se aplica sin ningún remordimiento. Es exactamente igual a lo que está pasando actualmente con los inmigrantes, acusados de casi todos los males de España por culpa de esta maldita crisis económica, cuyos verdaderos culpables siguen fusionándose y hartándose de dinero ajeno con las ayudas del estado y la subasta de pisos embargados. Toummouhi, además, era un inmigrante marroquí y para muchas mentes enfermizas un emigrante es sinónimo de todos los calificativos condenables. Toummouhi tuvo la mala suerte de “caer” en un momento eufórico para el PP, que acababa de ganar el mando de España y debía mostrar que es implacable con la delincuencia, de la que venía quejándose continuamente, incluyendo el “Váyase, señor Gonzalez”, que tanto daño le hiciera al presidente Felipe.

Este emigrante tenía las de perder desde un primer momento.

Un error judicial es algo normal y aceptable, siempre y cuando sea un error humano y no una decisión personal de un juez o de un político, atendiendo a unas circunstancias ajenas a los derechos del hombre.

Y ahora ¿qué?

¿Habrá un acto de desagravio?

Mientras, Ahmed Toummouhi, con quien nos solidarizamos y estrechamos calurosamente la mano, sólo perdonará cuando ingrese en su tumba, como ha dicho.