De una cárcel pequeña a otra más grande
Así puede decirse de la situación actual del ex presidiario de Guantánamo, el palestino Walid Hijazi, que acaba de llegar a España en el marco de las ayudas ofrecidas por la UE a Obama para permitirle cerrar su prisión cubana de Guantánamo y cumplir, finalmente, su promesa electoral. Si este joven no puede salir de España, porque así lo estipula el convenio con los estados Unidos, su libertad no puede ser completa y por consiguiente, siempre la interpretará como la prolongación de su estancia en Guantánamo. Y es que algunas veces el daño es tal que debe pasar mucho tiempo antes de recobrar la normalidad. La opinión de los juristas sería muy interesante en este caso preciso, porque a Hijazi se le están tramitando permisos de residencia y trabajo y la ley de Extranjería no contempla restricción de movimientos.
El palestino Hijazi no tiene antecedentes de ninguna clase ni ha sido convicto de crimen alguno, salvo el haber pasado, contra su voluntad, por la prisión norteamericana, donde sólo Dios y sus carceleros saben lo que habrá sufrido y cuántas otras versiones de Abu Ghraib le habrán infringido en esa cárcel de la vergüenza y el horror.
Incontestablemente, su situación en España no será, ni muchísimo menos, la de Guantánamo, pero seguirá estando privado de movilidad, ya que no podrá salir de España, situación que en otras circunstancias hubiera sido una bendición no alcanzable por todo el mundo y de la que hay que darle las gracias a España. Seguramente tendrá una vida digna, su entorno intentará aliviar en lo posible el dolor de la separación de los suyos, la rabia de haber sido tratado como lo que no es y, sobre todo, la pérdida de ocho años de su vida, porque alguien se equivocara y que sólo es un daño colateral. Dicen que fue entrenado por la organización Al Qaeda en Afganistán, después de haber pasado previamente por Arabia Saudi. Lo dice la CIA, lo certifica la CIA y lo más probable es que sea un invento de la CIA, porque, si no sueltan a inocentes, ¿cómo van a soltar a un convicto? Y Walid estuvo internado en esa condición desde diciembre del 2001.
Seguirá teniendo terribles pesadillas durante mucho tiempo, quizás por el resto de su vida, pero, por lo menos, al despertar no verá las frías paredes de su celda, no sentirá las cadenas ni le cegará la luz, encendida día y noche, a la que sus carceleros le someten despiadadamente para evitar que tenga un minuto de reposo. Lo más probable es que se le ubique en alguna ciudad distinta a Madrid, para evitar que se le ocurra pasar por cierta embajada de la calle Serrano y ver ondear una bandera que le recordará muchas cosas.
Lo más justo sería que Walid vuelva con los suyos, a su Palestina, único lugar en el que se sentirá arropado de verdad. Sería incluso lo más conveniente, ya que Walid no corre ningún peligro de ser maltratado por su gobierno, como podría ser el caso de muchos otros que van a dejar la isla cubana próximamente. Además, ya se ha visto algún que otro título que afirma que “ser de Al Qaeda sale rentable en España”, en alusión a Hijazi y a la disposición del gobierno español de aliviar en lo posible sus carencias. Es loable el gesto de España y de la UE, pero aún así, alejar a alguien de su entorno sin su pleno consentimiento sigue siendo inadecuado.
Obama sigue sin cumplir sus promesas de Salir de Iraq y cerrar Guantánamo. Su Novel de la Paz todavía no lo tiene justificado.
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