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Esclavas en pleno siglo 21

Terrible un reportaje publicado por el diario marroquí  "Al Massae" en su edición de ayer, 22 de septiembre. Trata de un verdadero comercio de esclavitud cuyas víctimas son niñas inocentes que apenas sobrepasan los 10 años, ofrecidas en los barrios de Casablanca como criadas que trabajan los siete días de la semana, sin descanso alguno, las veinticuatro horas del día, en casas particulares, algunos de cuyos propietarios las tratan como a verdaderas esclavas. ¿El salario? 500 dirhams (unos 40 euros). Una verdadera ganga para aquellas almas despiadadas que no vacilan en recurrir a esta clase de mano de obra de la que pueden disponer libremente para todo. Insisto en el "para todo" porque algunas son incluso obligadas a satisfacer las apetencias sexuales de algún que otro hijo de estos desalmados.

La desventura comienza para estas chicas con la llegada a sus "duares" (pueblos) de un intermediario que contacta con los padres, generalmente aquellos que tienen dificultades económicas, a los que prometen una vida mejor para sus hijas y un salario para el progenitor (por supuesto, la hija no se queda con nada). De esta operación, el intermediario saca una tajada de  entre 400 y 500 dirhams, dependiendo de la cercanía o lejanía del "duar" donde tiene que hacer sus gestiones para conseguir una niña-criada. Una vez convencido el padre -siempre receptivo a las primeras de cambio- la niña sube a un camión, o furgón, que la lleva junto a las verduras que transporta, directa hacia el mercado de esclavas, que en el reportaje de "Al Massae" es un barrio cualquiera de Casablanca, en donde suelen ocurrir dos cosas: que alguien esté esperando para recoger a la niña, ya apalabrada con antelación por el intermediario o que, a falta de un "comprador", se ofreza en el mismo sitio a alguien que se interesara por ella. En ambos casos es una práctica despiadada de esclavitud en pleno siglo 21.

Lo que viene a partir de ese momento, sólo Dios y la víctima lo saben, aunque nos lo podemos imaginar cuando la niña-criada cae en manos de un matrimonio -el marido es nada menos que juez- como el que "empleaba" a la niña Zayneb, de 13 años,  en la ciudad de Oujda (nordeste de Marruecos), del que ITRAN dió cuenta en un artículo anterior, fechado el 4 de septiembre. De estos salvajes, sabemos ahora que la esposa y una hija de 22 años incluso llegaron a quemarle los labios a la niña con piezas de metal al rojo vivo y que incluso, al menos una vez , rociaron sus genitales con aceite hirviendo, en un acto terrorífico de sadismo difícilmente igualable en cualquier parte del mundo.

A propósito de este caso, se sabe ahora que tanto el juez como su esposa e hija inmcluso pueden salir indemnes de su bárbara acción, ya que la "justicia" los procesará por faltas y no por delito, al argumentar que las secuelas desaparecerán con el tiempo. Hay que ser mucho más despiadado que los propios desalmados juez y familia para poder tomar partido, de esta manera, en favor de esos delincuentes porque ¿existe algún ser humano capaz de reponerse en toda su vida de unas torturas tan viles? ¿Cómo puede un juez instructor dictaminar como falta un acto criminal de esa envergadura? ¿Puede, después de eso dormir tranquilo?

Pero, lo que más inquieta es la falta de reacción de la gente, la poca sensibilidad que demuestra, ante tanta maldad y tanta violación de los derechos de la parte más débil y desprotegida de la socieda marroquí, las inocentes niñas cuya vida se sacrifica para que unos padres desalmados puedan ganarse unos dirhams de más, con la excusa del desempleo.

La pequeña Zaynab tuvo agallas y valor para escaparse de la sala de torturas - que en realidad era la casa del juez- y gracias a un grupo de personas, fue a una comisaría cercana, donde destapó y denunció su martirio. Su padre, quizás arrepentido por la barbaridad que hizo al entregar a su hija por un puñado de monedas, reaccíonó al fin como mínimamente debería hacer cualquier padre, al rechazar ser corrompido por el desgraciado juez, que intentó -y dicen que lo sigue haciéndolo- comprarlo para olvidarse del asunto. ¡Un juez intentando corromper a un ciudadano! ¿No es ello constitutivo de delito? Desde luego, la reforma de la justicia marroquí se hace más urgente que nunca. Y la sociedad civil debería presionar, pacífica y civilizadamente, para que así sea. El juez malvado, además de ir a la cárcel en un pack que incluiría a su esposa e hija, debería de ser impedido de ejercer esa noble  profesión, venida a menos por causa de elementos indeseables que han conseguido distorsionar su imagen hasta someterla a su antojos.

Desde ITRAN denunciamos públicamente este comercio de esclavos del siglo 21 que atenta contra nuestras hijas, despojándolas de su inocencia, de sus derechos a la vida y a tener una infancia sana. Hacemos igualmente un llamamiento a los poderes públicos para que acaben con esta lacra de la que nos avergonzamos allá donde vamos.

 Para ITRAN, Abdelkader Boulaala

*La fotografía que acompaña ha sido tomada del reportaje de "Al Massae".